¿Cine y literatura siguen siendo sus dos grandes pasiones?
Siempre lo han sido aunque ahora me dedico más a la literatura porque tengo una imposibilidad física para hacer películas. Desde niño he sido un gran lector, desordenado en las lecturas, pero gran lector y ahora estoy más volcado en la literatura. Fruto de esta dedicación es mi nuevo libro ‘Palabra de cine’.
En él vuelve a unir cine y literatura.
‘Palabras de cine’ trata de la influencia del cine en el lenguaje de la calle. No es un libro científico, ni estudia las reglas gramaticales, sino que constata que, como otras grandes pasiones, el cine nos hace hablar de otra forma. El mundo de los toros o el teatro, dos diversiones sociales, aportan, modifican e influyen en el lenguaje. Lo mismo hace el séptimo arte. Cuando ingresé en 2008 en la Real Academia Española hice mi discurso sobre la influencia del cine en nuestro lenguaje, precisamente de lo que trata este libro.

"La gente piensa que la cultura no se tiene que pagar, y no quiere reconocer que los artistas tienen que vivir de algo, que no viven del aire"

¿Cómo ha ido recopilando expresiones y frases?
He utilizado el sistema de la caja de zapatos. Cuando oía por la calle una frase o la leía, la apuntaba rápidamente en fichas y las guardaba en una caja de zapatos. Unas se oyen en la calle, pero la mayoría aparecen en la prensa. De hecho, muchas expresiones no habrían permanecido en el lenguaje si no fuera por la insistencia de los ‘plumillas’. Recurrir a términos de campos ajenos es algo muy gráfico y, a la vez, divertido. No pasa un día sin que un periódico titule una noticia en términos cinematográficos como ‘La asignatura pendiente de ZP’, ‘Bienvenido Mr. Obama’… Todo esto demuestra la fascinación que ha ejercido el cine en el último siglo y hasta donde ha llegado su empape cultural.
¿Cuáles son sus frases favoritas?
Digamos que todas son hijas mías. La mayoría de nosotros hemos escuchado o dicho frases como ‘me hace luz de gas’, ‘morir con las botas puestas’, ‘estar al borde de un ataque de nervios’, ‘no te enrolles, Charles Boyer’ , ‘corta el plan, Gary Grant’, ‘pintas menos que Grace Kelly en un andamio’ o ‘la cagaste, Burt Lancaster’, que la popularizó aún más el grupo ‘Hombres G’. Todas suenan a Arniches, a chulería castiza. Tienen el tono desgarrado y desafiante del pueblo madrileño, y aunque los actores pasan de moda, las expresiones perduran en el tiempo o sobreviven en los libros.