El Impresionismo aunque cambió el panorama artístico de su época, en ningún momento se interpuso en el camino con el arte tradicional, sino que lo complementó, así como al resto de formas de modernidad. De este modo, durante la década de los 70 del siglo XIX, convivió con otras formas pictóricas como el academicismo o el simbolismo. La muestra en la Fundación Mapfre emplea esta riqueza de estilos para destacar el triunfo obtenido por el arte nuevo.

Respecto a los impresionistas, éstos jamás se definieron con este término. El apelativo proviene de las palabras peyorativas del crítico Louis Leroy dirigidas contra la obra de Monet: Impresión atardecer.

Tal y como se señala en la exposición, el Impresionismo encuentra su hilo conductor en la figura de Manet: un artista apegado a la moderna tradición de Velázquez, dado que llegó a convertirse en el gran impulsor de los jóvenes artistas que conformarían la Escuela de Betignolles y que, con sus obras, desarrollarían las primeras exposiciones impresionistas.
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