El 8 de diciembre de 1892, ‘La Ilustración Española y Americana’, de la que fue colaborador artístico Sorolla, publicaba: “¡Otra Margarita! ha sido premiado, por voto unánime del Jurado, con medalla de primera clase” y lo presentaba como “una escena conmovedora y admirablemente sentida: en un vagón de tercera clase está sentada la joven culpable, con la cabeza inclinada sobre el pecho, la mirada triste y fija, el rostro pálido, las manos atadas con férrea cadenilla; custódiandola dos guardias civiles, uno con una expresión de lástima en su rudo semblante, y otro con aspecto de glacial indiferencia; á un lado aparece el mísero equipaje de la desventurada, un lío de ropa; la luz del día, claro y sereno, penetra por las angostas ventanillas del coche, y baña de vivos resplandores aquel cuadro de sombría tristeza.”
Para esta obra, de 1892, actualmente propiedad del Museo de Arte de la Universidad de Washington en San Luis (Missouri), Sorolla llevó a cabo ese mismo año un lienzo preparatorio, ‘Estudio para Otra Margarita’ (Museo Sorolla) colocando a la mujer y a los guardias civiles en el mismo banco del coche de tercera clase y detrás de ellos, otros viajeros.
La decisión final del artista fue situar a la mujer sola y tras ella, los dos guardias civiles, prescindiendo del resto de personas. De esta forma imprimía mayor dramatismo a la escena y más protagonismo a la figura femenina que refuerza su desdicha con una cadena, más definida, sujetando sus manos y con la incorporación, en primer plano, de un hatillo como única pertenencia.
Trata de Blancas
En su estudio de Madrid, el pintor realizó otro cuadro de escenario marcadamente ferroviario. Se titula ‘Trata de Blancas’ (1894) y fue cedido por su viuda, en 1931, al Museo Sorolla que registra en su inventario: “Interior de un tren. Bajo la mirada vigilante de la celestina de turno, cuatro muchachas son transportadas a un burdel. Ellas dormitan serenamente en distintas posiciones. Los fardos de ropas, los mantones, y las faldas arremolinadas ponen una nota luminista”. También se recoge una anécdota sobre el tamaño del lienzo, ahora más pequeño que el inicial, pues se cortó su parte baja y su lateral izquierdo al presentarlo en el Salón de París en 1895, año en que Sorolla vuelve a firmar la obra.

Podría tratarse de un ferroviario haciendo el recorrido de vigilancia a pie para comprobar el estado de la vía

Este óleo se encuadra, junto con ‘Otra Margarita’ y ‘Estudio para Otra Margarita’, en la serie de cuadros que el pintor realiza sobre los ‘desheredados’ de la España de final del XIX, en crisis económica, social y política.
En esta línea, destaca ‘Aún dicen que el pescado es caro’ (1894. Museo del Prado) que denuncia la dureza del oficio de pescador y su escasa retribución. En estos trabajos, a diferencia de Solana y Zuloaga, el pintor valenciano da luz y color a una España Negra, sin olvidar su carácter reivindicativo.
Andalucía
Sobre la pintura de encargo, Sorolla realizó una serie de paneles con los que formó los 14 murales conocidos como ‘Visiones de España’ para la Hispanic Society of America cuyo fundador, Archer Milton Huntington, había pagado por este trabajo cinco millones de pesetas, según publicó ‘La Esfera’ en agosto de 1923.
Integrado en estos murales está ‘Andalucía. El encierro’ (1914), un óleo, de 350 x762 cm, que ofrece una escena de caballistas llevando reses a través del campo andaluz al cruzar la línea férrea por un paso a nivel. Al ferroviario no se le escapa el murete encalado del borde del camino junto a la vía, y el apunte de contracarril y traviesas de madera, así como el balasto insinuado con pinceladas sueltas.
Este escenario fue representado en una serie de estudios preparatorios bajo el nombre ‘El estudio de chumberas’ (1914. Museo Sorolla) que sirvieron para configurar el fondo del mural. En uno de ellos plantea en primer término elementos ferroviarios de los que después prescindirá en el enorme lienzo, como los cupones verticales a cada lado del camino, uno de los contracarriles y el murete blanco de la izquierda. En segundo plano, pinta chumberas altas que usará finalmente para resaltar la figura iluminada del caballista.
Los murales se expusieron en Valencia hace dos años, por vez primera en España, por iniciativa de Bancaja que se encargó de restaurarlos y traerlos a nuestro país. Desde entonces, y tras recorrer varias ciudades, estas enormes pinturas (ocupan una superficie de más de 200 m cuadrados) se han integrado en las 102 obras que el Museo del Prado reunió hasta el 13 de septiembre, exposición que ha registrado unas 450.000 visitas, situándola como la más frecuentada de la última década en este Museo. La llegada a Madrid de estos paneles, que podrán verse, otra vez en Valencia, a partir del 1 de octubre, ha estado acompañada de actividades como conferencias, seminarios, cine..., entre ellas ha destacado la exposición de 33 óleos que el maestro realizó como preparación para este encargo. Una cuidada selección que se ha podido ver, hasta el 20 de septiembre, en el madrileño Museo Sorolla.