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   Natalia Dicenta
 "Tenemos que perseguir nuestros sueños"
Natalia Dicenta es hija de los actores Lola Herrera y Daniel Dicenta, y a pesar de su juventud ya lleva 30 años pisando los escenarios teatrales, y 10 cantando jazz en los clubs y festivales más importantes del país. Cantar es un sueño que perseguía desde niña.
Texto: Roseta Campos - Fotos: Javier Abad

Lleva 30 años actriz y 10 de cantante, ¿cuándo descubrió que lo suyo, además del teatro, era la música?
Mi historia surge desde pequeña. Era una niña multifunción porque cantaba, bailaba y actuaba. Era muy activa, con buena retentiva, buen oído y en ese sentido siempre me he sentido privilegiada porque era capaz de aprenderme las canciones rápidamente.
¿Vamos, que ya desde pequeña se la veía venir?
Me disfrazaba y me ponía a cantar y actuar delante de un espejo. Esa era mi gran diversión. Y lo he vivido desde pequeña porque en mi casa, además de actuar, se cantaba mucho. Mis padres se conocieron cantando, mi abuela me cantaba zarzuelas para que dejara de llorar y mi abuelo me despertaba de la siesta con tangos.
¿Cuándo da el salto a los escenarios musicales?
Fue hace diez años cuando me surge la posibilidad de cantar digamos más seriamente, delante de público y sobre un escenario. Y así empecé a cantar en el Café Central, que es un lugar muy emblemático de música en vivo y jazz.
¿Creo que ha tenido problemas con la voz?
Llegar hasta aquí no ha sido fácil, porque mi garganta tenía ciertos problemas con la cuerda derecha y tuve que trabajar mucho con mi gran profesora de canto, Inés Ribadeneira, para ponerla a tono. Ella es una persona fundamental en mi carrera. Me ha educado la voz y me ha enseñado a cuidar mi garganta, que al fin y al cabo es mi herramienta de trabajo.


"Mi abuelo era trabajador de Renfe, un ‘chispas’, y toda la familia hemos vivido muy de cerca el mundo del ferrocarril"

¿Ha sido un proceso largo?
Largo y trabajoso. Nada en la vida es fácil. Detrás de todo esto hay trabajo, esfuerzo, frustración, disciplina, y entre medias, giras de teatro de un lado a otro.
¿La música ha influido en su vida?
La verdad es que me cambió la vida en cierta manera, porque soy una persona hiperactiva, vital y apasionada, y cuando era joven me implicaba en todo de una manera exagerada y mi profesora me enseñó a quererme, y a ser consciente de que mis cuerdas vocales son mi gran capital, mi patrimonio.
¿Qué le mueve a cantar?
La música, como el Arte en general, es un modo de vida, una manera de comunicarte con la gente. Siento muchas emociones con la música, porque traspasa el umbral de las palabras. Cuando las palabras se te quedan cortas a la hora de describir una emoción, la música te la puede transmitir dándote un latigazo en el corazón. La música te eleva.
Su vinculación con el mundo ferroviario es grande ya que su abuelo materno trabajó en Renfe ¿Qué recuerdos tiene?
Todo lo que esté relacionado con el mundo del ferrocarril es mi vida. Mi abuelo era trabajador de Renfe, un ‘chispas’ y toda la familia hemos vivido muy de cerca el mundo del tren. Mi abuelo era un gran tipo, maravilloso, honesto, trabajador, noble. Tengo todavía el sonido del tren metido en la cabeza, y viajar en tren cuando éramos pequeños era toda una aventura, entre otras cosas, porque nos creíamos que nuestro abuelo era el dueño de todo, de las estaciones, de los trenes… Era un mundo de película.

 
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