El mundo es cada vez más pequeño. Esta es la percepción que muchos tienen desde que volar en avión o coger un tren de alta velocidad ya no es algo extraordinario cuando se quiere conocer un rincón del mundo.
Uno de los lugares donde más se ha notado este ‘estrechamiento’ del espacio ha sido Andalucía. Desde que se inauguró el AVE Madrid-Sevilla en 1992, coincidiendo con la Exposición Universal, algo comenzó a cambiar en Andalucía que supo afrontar el cambio, y que ha conseguido convertirse en un territorio puntero e innovador en muchos campos, entre ellos el de la paulatina, pero constante renovación de su oferta turística. Y sin duda, la ciudad que ha liderado este cambio ha sido Málaga.
Sin renunciar a sus identidades, la capital de la Costa del Sol nada tiene que ver con la ciudad que vivió, hace ahora varias décadas, la explosión del turismo ávido de playa y sombrilla, sin olvidar que este rincón del litoral meridional también se convirtió en anfitrión de los millonarios y famosos de medio mundo, especialmente en aquella Marbella de la jet.
Más que playas
Hoy las cosas son distintas, porque Málaga es una ciudad que propone mucho más que sol y playa, aunque estos atractivos siguen estando en primera fila de su amplia oferta turística. Sin embargo, la ciudad ha sabido diversificar su agenda generando un importante calendario cultural y patrimonial.

Málaga ha sabido poner en valor su legado cultural con la apertura del Museo Picasso. Muy pronto, la ciudad contará con una veintena más de museos

Viajar hoy a Málaga es viajar a una ciudad renovada, con nuevos impulsos ciudadanos que la mantienen atractiva todos los meses del año.
Evita así, el turismo estacional de verano y complementa el atractivo de sus condiciones climáticas y ‘playeras’ con una propuesta cultural, donde Picasso tiene mucho que decir.
No en vano, los malagueños han presentado su candidatura para ser la Capital Europea de la Cultura en el año 2016.
Teatro y patrimonio
LFundada por los fenicios, Málaga vivió épocas de esplendor con romanos y árabes, hasta que entró en declive tras la conquista cristiana en 1487. Sin embargo, a finales del siglo XVIII y principios del XIX, una incipiente burguesía devolvió a la ciudad el protagonismo perdido, convirtiéndola en el segundo centro industrial del país.

De sus épocas doradas, Málaga conserva un interesante patrimonio cuyos principales monumentos se hallan en el casco antiguo y sus alrededores. Es en esta zona de la ciudad donde podemos visitar la catedral, iniciada en el siglo XV y a la que le falta una de sus dos torres principales; el teatro romano; la alcazaba, y el castillo de Gibralfaro. Otros lugares interesantes son el edificio del Ayuntamiento, la plaza de la Constitución, el palacio Episcopal y el museo Arqueológico Municipal. La vida cultural se organiza en torno al teatro Cervantes, levantado en 1870 y decorado en su interior con pinturas de Bernardo Ferrándiz.