¡Pasen y vean!
 


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En 1872 el empresario Phineas Taylor Barnum eligió el tren para desplazar el espectáculo The Greatest Show on Earth. Su decisión dio el impulso definitivo al mayor circo de la Historia, que vivió un boom sin precedentes gracias al nuevo medio de transporte.
Texto: Jesús Silva
 

Un 1941, Walt Disney estrena Dumbo. Basada en un cuento de Helen Aberson, la película narra las peripecias de un elefante de circo ridiculizado por sus compañeros por sus enormes orejas. Las burlas acaban cuando el pequeño Dumbo descubre que sus orejas le permiten volar, convirtiéndose a partir de entonces en la principal atracción. En la película, en una escena prendida en la memoria de niños y mayores, se ve la imagen de Dumbo persiguiendo por el aire el vagón de cola del circo ambulante donde viaja su madre.
Justo 50 años antes del estreno, había fallecido en la cama el hombre del espectáculo Phineas Taylor Barnum. Barnum, hijo de un sastre y nieto de un famoso jurisconsulto de Connecticut, tiene al dejar este mundo cuatro mansiones y millones de dólares en el banco. Su muerte, como su vida de engaños, excesos y éxitos, no dejó a nadie indiferente.

Primeros aplausos
La carrera de Barnum se inició en 1835 cuando el Estado de Connecticut cerró su principal fuente de ingresos hasta entonces: las administraciones de lotería. Con el dinero reunido por la venta del negocio, Barnum compra una esclava afroamericana paralítica y ciega, Joice Heth (anunciada por el Barnum como la enfermera de George Washington, y ¡mayor de 160 años!) con la que hace una exitosa gira.

Finalmente el ferrocarril fue el medio de locomoción que, poco a poco, se impuso

A un año con su espectáculo de variedades Barnum’s Grand Scientific and Musical Theater (Barnum Gran Teatro Científico y Musical), sigue un periodo de dificultades que acaba con la compra en 1841 del Scudder´s American Museum, en Nueva York. El edificio, rebautizado como Barnum´s American Museum (Museo Americano de Barnum), es objeto de reformas que lo convierten en uno de los lugares de ocio más populares de Estados Unidos. Anunciado con un gran foco apuntando a la noche de la Gran Manzana, al principio básicamente se hacen exhibiciones de animales, a las que se suman después un sinfín de camelos o espectáculos de ‘fenómenos’ que atraían la morbosa curiosidad de miles de personas. De los más aclamados por el público eran la falsa ‘Sirena de Fejee’, alquilada al museo Moses Kimball de Boston, y el célebre enano ‘General Tom Pulgar’ (“¡La persona más pequeña que jamás se haya visto!”, gritaban los carteles) que entonces tenía cuatro años, aunque aparentaba 11 o 12. Provisto de un talento natural, ‘Tom Pulgar’, cuyo verdadero nombre era Charles Stratton, parodiaba personajes históricos como Napoleón y Hércules, fumaba cigarrillos y bebía vino para divertir al público.
A mediados de los 50, Barnum vive su mejor época. En 1844 hace una gira por Europa que le abre las puertas del palacio de Buckingham y en la que el Zar ruso le obsequia una serie de atracciones y autómatas para su circo.

La fiebre de los museos
A su regreso, en plena fiebre derrochista, compra museos como el Peale’s de Filadelfia, al tiempo que el suyo no deja de recibir visitantes, cerca de 400.000 al año. Los triunfos se suceden uno tras otro. En 1856, sin embargo, la Jerome Clock Company, industria a la que había concedido sustanciosos préstamos, va a la quiebra y lo arrastra en su caída. Entonces comienzan años de litigios y humillaciones públicas, de los que logra salir sólo con ayuda de amigos como el mencionado ‘Tom Pulgar’, que le sufraga una nueva gira por Europa. Gracias al providencial Stratton, cuatro años después, Barnum ha superado sus deudas, recuperado su museo y construido su espectacular mansión Lindecroft. Es cuando crea el primer acuario de América, aumenta el museo de cera con su galería de criminales famosos y contrata a los hermanos siameses Chang y Eng, figuras mayúsculas de sus ‘fenómenos’.

Auge y miseria del circo rodante
En Estados Unidos, el ‘Día de Circo’ era una fiesta local equivalente al 4 de Julio o la Navidad. Cuando el circo irrumpía en una ciudad o un pueblo, se solía librar la jornada. El número de circos americanos llegó a su cénit en 1905 cuando 100 troupes independientes iban de gira en gira por el país.