Juan Carlos Naya ‘En el teatro falta gente con criterio’
 


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A pesar de ser joven, Juan Carlos Naya lleva tres décadas pisando los escenarios. Actor curtido en los clásicos, no renuncia a su faceta de productor para llevar a cabo sus proyectos creativos.
Texto: Roseta Campos - Fotos: F. Javier Abad
 

En ‘Madrugada de cobardes’ es un hombre que se encierra en la cámara de un banco.
No es un ladrón exactamente. Es un ejecutivo de un banco con acceso a la cámara de seguridad, que ha conseguido unas llaves de las cajas. En ellas buscará algo vital para él. No quiere robar joyas ni dinero. Busca algo más complicado. La función está llena de sorpresas, ya que nada es lo que parece.
¿Es un papel complicado?
Sí, porque el personaje empieza llevando las riendas de la situación y acaba perdiéndolas. En ese transcurso, entre el guardia de seguridad que vigila la cámara y el supuesto ladrón, se van descubriendo multitud de cosas. Son dos personajes forzados por una misma situación límite, pero que buscan cosas diferentes.
Qué director y autor sean el mismo, José Cabanach, ¿es ventaja o desventaja?
La ventaja es que sabe por dónde quiere ir y qué es lo que ha escrito, y la desventaja es cuando no estás de acuerdo. Hay autores y directores que admiten opiniones y otros que no se mueven de lo que han escrito. Por ejemplo, he trabajado con Antonio Gala y no había forma de cambiarle ni una i. Yo que he hecho mucho teatro clásico, más de 12 años en el Teatro Español, valoro que el autor esté vivo y pueda dar notas, mezclar autor y dirección.

"A veces te encuentras con actores que no lo son, con directores que son directores de tráfico, o con autores, que lo son de fotonovela"

Pronto iniciarán una gira ¿no?
Todavía no está claro hasta cuándo vamos a estar en Madrid, parece que hasta mediados de otoño. Luego iremos a provincias,
No produce esta obra, pero sí anteriores funciones que ha interpretado. ¿Por qué le interesa la faceta de productor?
He estado mucho tiempo contratado y reconozco que se está muy bien en esa situación, pero, evidentemente, tienes que hacer lo que te imponen, no puedes elegir ni obra, ni reparto, ni dirección, ni decorador, nada. Llega un punto que si uno es creativo. Por eso, apetece de vez en cuando, si se ha cogido dinero por algún sitio, perderlo, porque siempre se pierde, para hacer realmente lo que nadie te va a ofrecer, algo en lo que tú creas, que te guste y que te apetezca hacer sin imposiciones de nadie. Produje ‘Marlene’, una función sobre Marlene Dietrich, donde hice de travestí, un papel que no había hecho en mis 32 años dedicado al teatro. Me ayudo a romper moldes, como el de la galanura. Era divertido, descarado, deshumanizado, un papel con el que podía hacer lo que me daba la gana. Lo pasé fenomenal.

¿Se siente, a veces, demasiado encasillado en el teatro clásico?
Me han encasillado siempre en teatro clásico, aunque he hecho mucho musical, ópera y zarzuela, pero eso el público no lo ha catalogado. Desde luego, he interpretado personajes clásicos de galán como Don Juan o Moncada en ‘La Venganza de Don Mendo’, pero también he hecho personajes malignos, atravesados y con muchos bemoles, aunque la gente no se acuerda. Al final se quedan con el Tonet de ‘La Barraca’, Don Juan y cuatro cosas más.
Empezó muy joven. ¿Cómo surgió ser actor?
Casualidades de la vida. Soy hijo de militar y en mi familia nadie se dedicaba al espectáculo. Yo tenía una amiga que trabajaba de bailaora en el Café de Chinitas y la llamaron para hacer unos espectáculos infantiles en el Monumental. La acompañé y me cogieron a mí en vez de a ella. Me apunté a la función, que se hacía los fines de semana y no me impedía seguir estudiando. Así se me metió el veneno del teatro. Además, al terminar ese espectáculo, me ofrecieron hacer ‘El retrato de Dorian Gray’, y yo, inconsciente de mí, dije que adelante. De ahí, me llamaron para dos películas, después ‘La Barraca’ y hasta hoy. Pero al principio, fueron un cúmulo de casualidades las que llevaron a elegir la profesión de actor.