En conmemoración de esta llegada, viene desarrollándose un denso programa de acontecimientos de contenido cultural e histórico.
Relato de una clausura
La Circular citada decía así: “1º) A partir del día 15 de abril de 1967 quedará clausurada la estación de referencia, situada en el ramal de Soria-Cañuelo a Soria-San Francisco, quedando todos los servicios ferroviarios que prestaba unificados en Soria-Cañuelo. A tal efecto, serán levantados todos los cambios y señales de dicha dependencia. 2º) La supresión de servicio al público de la estación de Soria-San Francisco será dada a conocer mediante la publicación de los correspondientes documentos por el Departamento Comercial de la Red”.

Con tal resolución se abolían virtualmente: primero, el pórtico ferroviario por el que el poeta y profesor don Antonio Machado entró y salió de la ciudad que tanto influyó en su vida sentimental y en sus escritos; segundo, el punto de inspiración del ulterior catedrático de Francés y también poeta, Gerardo Diego, que cantó al casi pueblerino ferro-tinglado de San Francisco (“Disimulada y frágil como un nido/eres, desde la paz de tus andenes,/libre de humo y carbón, limpia de ruido,/la estación de los sueños y los trenes”); tercero, la misma de la que Agustín de Foxá, en su poema’Trenes de Ávila o Soria’ (1940) poetizaba: “¡Oh , tren que pudo ser del romancero,/ tren del año sesenta, /en ti Antonio Machado llegó a Soria/entre los chopos y el alcor violeta!”; cuarto, la de una parada final de Pío Baroja como cuenta en su crónica viajera ‘A orillas del Duero’(1900): “Al bajar, en Soria, caían gruesos copos de nieve…”. Y quinto, que no quisiéramos último, la que asimismo evocaba el soriano Juan Antonio Gaya Nuño en el sabrosísimo libro ‘El santero de San Saturio’ (1952). “(…) Sí, pero la estación por antonomasia, la de los sorianos, era la de Torralba, con su frío, su cantina y sus mamuts helados”.
Cuando el poeta arribó a Soria, hacía sólo 15 años que estaba en servicio la relación Torralba del Moral-Soria
Perdida para la memoria machadiana y para historia de la pequeña ciudad, es pues fácil percatarse del magnetismo que debió ejercer sobre los poetas la desaparecida Soria-San Francisco, que nuestro antiguo compañero ferroviario y periodista, soriano, Jesús Torre Franco recordaba tiernamente en la, asimismo extinta, revista ‘Trenes Hoy’, al dedicar una cumplida monografía al ferrocarril en tierras sorianas (agosto de 1988), y cuya relectura nos excusa de incidir en cuestiones de fondo o pormenores más o menos anecdóticos sobre el origen y la evolución del ferrocarril en la provincia ‘cabeza de Extremadura’.
Y así las cosas, qué lástima que el sevillano –tanto como don Antonio Machado, y tan soberbio poeta- Gustavo Adolfo Bécquer no tuviera todavía disponible el tren para sus viajes a Soria, allá por los años de 1860, incursiones que le incitaron a escribir ‘El Monte de las Ánimas’ y ‘El rayo de luna’ entre sus celebradas leyendas.

De San Francisco a Cañuelo
Soria-Cañuelo, y perdón por el pareado, debe ser el señuelo de mayor regusto simbólico para cuantos sigan los pasos de Antonio Machado en este siglo de su presencia en Soria, efeméride respaldada por las más altas instituciones oficiales y entidades privadas. Porque Soria-San Francisco, desvanecida como una pompa de jabón, como la canción ‘Camino Soria’ que el conjunto de rock Gabinete Caligari dio al éxito popular a finales de los ochenta y hoy quizás olvidada, transfirió a Cañuelo, con la función meramente ferroviaria, la memoria espiritual que hemos de proclamar a lo largo de este Centenario de la Llegada de don Antonio Machado a Soria. Preferiblemente en tren.
