Juan Luis Galiardo ‘Sólo me interesan los sentimientos’
 


cortesía de FreeFind
 
 
   
En la película ‘I love Miami’, el veterano actor Juan Luis Galiardo se mete en el papel de un Fidel Castro obligado a huir de Cuba, y en la obra de teatro ‘Humo’, interpreta a un vendedor de apariencias, un farsante. En ambos casos, el actor demuestra su talento interpretativo y su energía vital.
Texto: Roseta Campos - Fotos: Javier Abad
 

Acaba de estrenar ‘I love Miami’ y representa con éxito en el teatro ‘Humo’. Vive una gran racha profesional ¿no?
Sí, es un buen momento, no me puedo quejar. Ahora voy a rodar los ‘Esperpentos’ de Valle-Inclán, una serie de tres capítulos para televisión con Juan Diego, bajo la adaptación de Azcona.
‘Humo’ ha llegado a las 100 representaciones en Madrid e inicia gira por España.
La obra es muy actual porque pretende destapar la sociedad en que vivimos, llena de caretas y que vive de apariencias. Cuanta más comunicación, más mentiras. La sociedad posmoderna ha creado proyectos vitales que se mueren en sí mismos, porque la pérdida de valores, de fe en las creencias básicas del ser humano, nos hace construir sobre castillos de humo.
¿Comparte esta idea?
No sólo la comparto, sino que denuncio, como la obra, que esta sociedad crea constantemente líderes de opinión dedicados a vender humo. El protagonista, un hombre que ha fracasado estrepitosamente en su proyecto amoroso, lo que sigue mostrando es un aparente triunfo externo en una sociedad que también compra humo. No puede ser más hermoso, ¿no cree?

¿Los vendedores de humo nos rodean?
Totalmente. Los hay a patadas. Los peores son los que proponiendo la panacea de la felicidad hacen daño a la gente. Son políticos, médicos, religiosos, juristas, nuevos gurús. Tocan las razones básicas y esenciales del ser humano y no les importa nada manipular a la gente. Les cortaría partes fundamentales de su cuerpo, empezando por dedos y piernas, hasta los testículos.
¿Sigue siendo el eterno galán?
No, ya no. Siempre digo que mis características físicas dan dignidad a mis personajes. No pretendo ser un galán, aunque es cierto que aprendo a envejecer según la ley de la gravedad y no más deprisa. Está claro que a mi edad no voy a competir con chavales de 30 años ni a sacar pecho.
Tiene aspecto de deportista, que se cuida.
No niego que en bañador tengo un cuerpo que no parece de un hombre de 67 años ni siquiera de uno de 50. A diario voy a nadar al club Chamartín de Madrid y practico todo el deporte que puedo. Soy atípico porque tengo un cuerpo cultivado, pero no porque haya querido, sino porque el deporte ha sido para mí un arma terapéutica.
Y es campeón de natación en su categoría.
Compito porque la adrenalina tengo que canalizarla. La energía que me sobra la encauzo a través de deporte. No hago deporte como un narciso, sino como necesidad terapéutica.

"Todos los días tengo que canalizar mi energía para ser útil a los míos, no para alimentar mi ego"

¿Cómo ve la vida a los 67 años?
Creo que en la vida el criminal nunca gana y que los héroes existen. Por eso puedo hacer personajes como el Quijote o Cervantes, porque pienso aún con la ilusión de lo que no está de moda.
¿Y qué está de moda ahora?
Los villanos y malvados, los malos de toda la vida, pero yo creo en los buenos, porque estoy convencido de que la bondad es el bien supremo de la sabiduría y no sólo lo pienso, sino que lo siento, porque ahora paso todo por la patena del sentimiento. Sólo me interesan los sentimientos, mi valor emocional y sentimental. Mis acciones van marcadas por ellos, no por mi pensamiento.
¿Siempre ha pensado lo mismo?
No. Es ahora, en esta etapa de madurez, cuando pienso así. Estuve muy perdido en el pasado. He atravesado épocas muy caóticas en las que ya pedí perdón a quien tuve que pedírselo.