Cuenca, un destino para tener siempre en cuenta
 


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Pese a su centralidad geográfica y su tamaño territorial, Cuenca y provincia -una entre tantas ‘bellas desconocidas’ del interior peninsular, casi camino de ninguna parte desde los tiempos de la Reconquista- se agregó al mapa ferroviario algo tardíamente. Dentro de poco, sin embargo, su incorporación a la malla de Alta Velocidad sacará de tal marginación al costado oriental de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha. Por el presente, tratamos aquí de la estación férrea de la inveterada Ciudad de las Casa Colgadas.
   
Texto: Gonzalo Garcival
 

En su imponderable y muy didáctico manual Geografía Rimada de España, publicado en 1950, el inspector del Cuerpo General de Policía, Ricardo Muñoz Uestibidea, recita, respecto al Ferrocarril Madrid-Valencia (por Cuenca): “Hasta Valencia en el tren, / yendo por la línea nueva (sic), / pasamos por Villaverde, / Getafe, Pinto, Seseña, / y por Aranjuez, Ocaña, / Tarancón, Huete, Cuenca; / siguiendo por La Melgosa, se dirige a Carboneras (…)”.
Como es fácil de entender, se refería Muñoz al ‘directo’ Madrid-Valencia (vía Cuenca) inaugurado en 1947, una vieja aspiración de los conquenses que en verdad y a la larga –tal como ocurriría 20 años después con el ‘directo’ Madrid-Burgos- defraudó las expectativas creadas.

Con su aspecto actual, el edificio poco tiene que ver con la terminal ferroviaria de primera clase proyectada en 1881

Atrás quedaban proyectos más o menos arbitristas como un ramal a San Clemente que, comienzos del siglo XX, promovía un antepasado del emérito de Renfe, Antonio Víllora Rubio, hoy gran animador cultural de aquella histórica Villa. O el medio legendario Ferrocarril de Torrejón de Ardoz a Tarancón, popularmente conocido como ‘de los 40 Días’, de vida brevísima en los meses finales de la Guerra Civil e ipso facto desmantelado por la Administración franquista.

En fin, el surco del único ferrocarril por dominios de Cuenca tendría siempre más enjundia poética que utilitaria, con su terminal capitalina tan concurrida antaño por clérigos, seminaristas, campesinos y ganaderos. Estación de sabores castellanos que parecen inspirar decenas de versos de poemas de provincia, del poeta nativo, de gusto modernista, Andrés González Blanco.
Cuenca es, entre otros, el escenario natural elegido por el cineasta Juan Antonio Bardem para una de sus mejores películas, Calle Mayor (1956), en la que un antiguo interventor del Ferrocarril Vasco-Asturiano en la vida real -el actor José Suárez- encarna al galán conquistador de muchacha de provincias -la americana Betsy Blair- paseando por los desiertos andenes de la primitiva estación.
Bardem nos contó una vez cómo rogaba al maquinista que avivara el humo de la locomotora en movimiento al fondo de la idílica escena.

Con parada en alta velocidad
Llegado que sea el venturoso día en que la alta velocidad Madrid-Valencia pueda ya efectuar parada en su terminal propia (lineas 06, pág. 30), Cuenca ingresará en el selecto club de conjuntos urbanos de atracción turística superior en torno a la capital de España; es decir, detrás de Toledo y Segovia.

En fin, el surco del único ferrocarril por dominios de Cuenca tendría siempre más enjundia poética que utilitaria

Sin duda que el tráfico de viajeros será entonces algo bien distinto del registrado en el pasado, cosa más bien gris y pobretona. A ver si, con un poco de suerte, los conquenses logran conjurar la impresión pesimista que el escritor y trotamundos Eugenio Noel presenta en su breve meditación ‘La paz de Cuenca’. Escritas en los años de 1910 a 1920, estas palabras han acertado virtualmente hasta hoy: "Si miráis en un mapa la ciudad de Cuenca, notaréis su espléndido aislamiento vergonzoso; ocupa el centro de una inmensa extensión de terreno, probablemente mayor que la de Bélgica, circunvalada por líneas férreas, polígono estupendo cuyas líneas van de Calatayud a Ariza, a Sigüenza, a Guadalajara, Aranjuez, Alcázar, Chinchilla, La Encina, Valencia, Sagunto, Teruel y otra vez Calatayud. Sólo dos pequeñísimas líneas se aventuran en este polígono: una de Aranjuez a Cuenca; otra, de Valencia a Utiel"…