Pequeña, modesta, casi ancilar estación, pero panal jugoso de sensaciones y anécdotas.
La génesis de la Segovia ferroviaria es sobradamente conocida. Arranca la segunda mitad del siglo XIX y la ciudad del Eresma y su provincia pierden el pulso frente a Ávila para atraer a sus dominios respectivos el trazado de la Gran Línea del Norte.
El Guadarrama será definitivamente atravesado por su flanco occidental. Monumental frustración de la gente segoviana que, por esos extraños bucles de la historia, se beneficia del tren del siglo XXI como si de reparar una marginación secular se tratara: primera etapa en el eje de alta velocidad Madrid-Norte/Noroeste.

Y, por supuesto, que la futura terminal de alta velocidad, aunque también un poco a trasmano del centro urbano, acabará con la posición de culo de saco heredada por la antigua terminal del Ferrocarril de Segovia a Medina del Campo (1884-1993), cuatro años previo a la relación directa con la capital del Reino vía Villalba (1888).
Por situar ambas líneas en el imaginario estético, digamos que la primera de ellas puso escenario a espléndidas secuencias ‘El espíritu de la colmena’, película de Víctor Erice, y la segunda inspira el poema de Antonio Machado, tan asiduo de la estación durante su residencia segoviana, ‘Flor de verbasco’. Y es que Segovia fue la última de las capitales del contorno de Madrid en tener ferrocarril en casa; como escribía un semanario de la época: "Tardó, pero vino al cabo;/ sí, llegó la feliz hora / de entrar la locomotora / en la tierra de Juan Bravo (...)".
¿Un aire como de Granollers?
Cuando Miguel Muruve y Galán asume la concesión para construir la línea de Segovia a Medina del Campo, ya había sido promotor del Ferrocarril Barcelona-Granollers, y quizás por ello implanta en la de Segovia el modelo de 'estación de 1ª clase' adoptado en dicha línea catalana.
La estación de Segovia era, en cierto modo, apeadero regio durante las estancias del Rey y su familia en La Granja de San Ildefonso
La historiadora Inmaculada Aguilar sostiene que la terminal segoviana se ajusta al canon del Barcelona-Granollers, salvo pequeñas diferencias formales, como la reducción del cuerpo superior del edificio.
