Antonio Najarro"Innovar con calidad
es muy difícil"
 


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A sus 27 años, Antonio Najarro, bailarín y coreógrafo, ha conseguido crear su propia compañía de danza y recorrer el mundo con espectáculos innovadores, llenos de magia y arte, en los que la fusión es la palabra clave. ‘Tango Flamenco’ y ‘Flamenco Oriental’ recorrerán los escenarios hasta 2008.
   
Texto: Roseta Campos / Fotos: F. Javier Abad
 

Cómo surge la idea de crear un espectáculo que fusiona el tango con el flamenco?
En el tango y el flamenco hay mucha energía porque son bailes que hablan del pasado histórico de un pueblo, de España y de Argentina, y en los dos podemos encontrar una gran sensualidad, sensibilidad y pasión. Aunque son diferentes, tienen puntos de encuentro que me empujaron a descubrir la fusión que podría existir entre ellos, porque creo que tienen un espíritu muy similar. Esto es lo que me hizo arriesgarme a crear ‘Tango Flamenco’.
¿No han protestado los puristas de estos bailes?
Han venido a verlo y les ha gustado mucho. Eso ha sido muy gratificante para mí. Han visto que se ha hecho con respeto a las raíces.
¿En el arte hay que arriesgar?
Creo que hay que arriesgarse a todo en esta vida y a mí me gusta el riesgo. Quise apostar por un proyecto innovador, que nunca se hubiera hecho antes y ‘Tango Flamenco’ es el resultado. Sabía que era un riesgo, pero como soy una persona muy meticulosa, muy perfeccionista, me empapé mucho en el tango argentino, en sus raíces, en la expresión de los intérpretes, y en su música para crear una fusión con el flamenco y la danza clásica española, que es mi especialidad. Es sin duda un proyecto arriesgado pero lo he hecho con mucho respeto y cuidado. En realidad no he querido presentar flamenco puro y tango puro, sino los dos lenguajes desde mi punto de vista como coreógrafo.
¿Ha sido su coreografía más arriesgada?
He hecho muchas coreografías, pero este espectáculo ha sido la primera vez que me enfrento a un formato tan grande, con 28 artistas en el escenario, música en directo y fusionando dos artes tan diferentes.
Soy muy ambicioso en el buen sentido de la palabra. Desde que empecé en esta profesión me di cuenta de lo dura que era, que era necesario el riesgo para salir adelante y que requiere mucho esfuerzo y dedicación.

“La verdad es que he tenido mucha suerte, aunque hay que esperar bien preparado a las oportunidades para aprovecharlas”

Parece que no le asustan los retos, como el de crear su propia compañía.
Al revés, los retos me estimulan. Desde joven quise tener mi propia compañía, y siendo todavía joven he podido realizar mi sueño.
El espectador ¿quiere ver cosas nuevas o teme la innovación?
Por supuesto, quiere espectáculos novedosos, siempre que estén cuidados y sean de calidad. Innovar con calidad es muy difícil.
¿Cuándo le entró el gusanillo de la danza?
A los seis años ya estaba bailando y a los 15 lo hice de manera profesional.
Ha tenido una carrera meteórica.
Es cierto que ha sido rápida, pero ha sido entre otras cosas porque siempre he sido muy cabezota. Desde pequeño tenía mis objetivos y uno de ellos era que mis padres me apuntaran en una escuela de danza porque me apasionaba la música, el ritmo y el baile, y no paré hasta que lo conseguí.
¿Sus padres le apoyaron desde el principio?
Mucho, y se lo agradeceré siempre. Tuve mucha suerte con ellos. Se dieron cuenta de que la música y la danza son importantes para la formación de un niño, algo que en Europa saben desde hace décadas, pero que en España aún no se ve claramente. Así, cuando vieron que me gustaba la danza y me ayudaron.
¿Cuál fue su siguiente objetivo?
Ingresar en el Conservatorio para hacer la carrera. Y cuando por fin entré, luché día a día para obtener y mantener un buen resultado, y conseguí terminar mi carrera con matrícula de honor a los 16, aunque a los 15 ya bailaba en una compañía. La verdad es que he tenido suerte, aunque hay que esperar bien preparado las oportunidades para aprovecharlas.
¿Por qué dejo su puesto de primer bailarín del Ballet Nacional de España?
Ingresar en el Ballet Nacional como primer bailarín era, por supuesto, otro reto, pero ya había sido primer bailarín de compañías como la de Antonio Gades o José Antonio, y llegó un momento en que sentí la necesidad de desarrollar otra faceta que me apasionaba: la coreografía. Quise crear algo con mi propio sello, un espectáculo afín a mi lenguaje. Esto fue lo que me llevó a dar el paso de montar mi propia compañía a través de la cual pudiera desarrollar mis coreografías y montajes.
¿Por qué las grandes figuras de la danza no se unen para defender lo suyo?
La falta de unión es porque somos muy individualistas. Es una pena que las compañías no se unan para luchar a favor de la danza, como lo hacen los músicos o los actores. Pero hay que tener presente que cada compañía es un mundo diferente con proyecciones diferentes. Uno de mis grandes deseos es que estemos unidos, por eso hemos formado ahora en Madrid una asociación que se llama ‘Emprendo Danza’, con varios empresarios con compañía propia, que estamos luchando para que se nos cuide un poco más.

¿Cómo se organiza para ser director de la compañía, bailarín y coreógrafo, todo al mismo tiempo?
Dedicando el cien por cien de mi vida a la danza, a mi proyecto.
Es decir, que de vida personal nada de nada...
Desgraciadamente en este momento mi vida personal está muy reducida, estoy luchando por tener un hueco en mi vida privada, pero la realidad es que la única forma de llevar una compañía, a mi edad, con 28 personas, supervisar desde las coreografías hasta el vestuario o las luces, requiere, además de un gran equipo, esfuerzo al cien por cien las 24 horas.
¿Es muy meticuloso en el trabajo?
Soy perfeccionista y muy controlador, aunque delego también mucho. Pero creo que hay que estar atento a todo, no hay que dejar nada suelto y eso es muy duro y sacrificado.
¿Qué se ha dejado en el camino por dedicarse a la danza?
Me he dejado bastantes cosas, que han sido luego compensadas. Por ejemplo, desde los 15 años he trabajado mucho y no he podido hacer la vida que hacían mis amigos a esa edad.