El siete de septiembre de 1912 el Ayuntamiento de Santander entrega las llaves del recién terminado Palacio de la Magdalena al rey Alfonso XIII. Este regalo de la ciudad a la familia real era el comienzo de una estrecha relación que duraría varias décadas.
Teniendo a su disposición un alojamiento regio, los Reyes pasaron, desde entonces y hasta 1930, sus veranos en la ciudad cántabra. Tras ellos, la corte madrileña y buena parte de lo más selecto de la aristocracia nacional. Santander se reafirmaba definitivamente como una de las más importantes ciudades balnearias de Europa, gracias a la moda de los llamados baños de ola (o baños de oleaje) que, si bien ya habían nacido como tales en el año 1847, fue a principios del siglo XX cuando se convierten en un verdadero reclamo y cita inexcusable en los meses de verano para las personas más influyentes de España.
La ciudad se reinventa con imponentes edificios como los hoteles Real y Sardinero y el Gran Casino, amén de nuevos ensanches urbanos y lujosos edificios de viviendas de estilo afrancesado, cuyo destino era cobijar a la pujante burguesía urbana.
Los baños de ola nacen a mediados del siglo XIX como terapia médica, mucho antes de que Alfonso XIII tomara Santander como lugar de sus vacaciones. Fue entonces cuando se descubren las propiedades curativas del agua marina y los ciudadanos de Santander se percatan que buenas playas no faltan precisamente en su perímetro urbano.

Las de la Península de la Magdalena y las dos playas del Sardinero comienzan a recibir los primeros balnearios marinos, todavía de construcción precaria con madera y techos de zinc. Con el tiempo, y gracias a las visitas estivales de la realeza, los balnearios se amplían y mejoran. Los baños de ola ya no son tanto una moda elitista como un hábito veraniego practicado por muchos.
Recuperación de un estilo
Los iconos y el ambiente de este tipo de baños de principios de siglo XX son los que envuelven la fiesta que organiza la ciudad desde 1997 para recuperar una importante página de su historia. Nueve años después, las Fiestas de Baños de Ola son una de las ofertas lúdicas más originales y divertidas del verano cántabro, una opción diferente que completa las largas jornadas de sol y playa.
