Y es la última construida (1924-29) en nuestro país con voluntad -voluntad política, habría que enfatizar- de ser un hito sobresaliente de la pujante Ciudad Condal.
Al doblar la esquina el nuevo siglo, pocas cosas más se pueden decir acerca de la estación ferroviaria más grandiosa entre las de la capital catalana. Su morfología, historia material y hoja de servicios son sobradamente conocidas. Proponemos, entonces, una lectura algo diferente de Barcelona-França, quizás la estación más fotogénica y mejor retratada de la Península Ibérica.
De algún modo, la estación de
Francia, que se inauguró como tal en 1929, es la historia de Barcelona
Para entender esto, fíjense por ejemplo en la cantidad de anuncios de televisión que han optado por sus andenes como escenario: uno de ellos muy reciente con el laureado tenista Rafael Nadal...

Escenario monumental
El escritor Màrius Carol, prologuista del libro de Antonio Armesto-Carlos Martí-José Ramón Pastor ‘La Estación de França, escenario monumental para el tren’ (Renfe y Lunwerg Ed. Barna. 1992) escudriña en la génesis y el parto, lleno de tanteos y contratiempos, de esta noble parcela de la urbe mediterránea: “De algún modo, la Estación de Francia es la historia de Barcelona: tuvo una cita con la Exposición de 1888, el primer gran salto adelante de la capital catalana, cuando se intentó aprovechar uno de los edificios de la muestra, el Palacio de la Industria, de Jaime Gustà, como recinto ferroviario. Se inauguró como tal en la Exposición Universal de 1929, que permitió perfilar una parte de Montjuic y la Plaza de España; y se ha confirmado como apuesta para el fin de siglo con la remodelación que ha tenido como marco la Barcelona Olímpica y su profunda renovación urbana".
Barcelona França ilustra claramente la necesidad de armonizar los intereses técnicos con las exigencias estéticas
Un poema de 'Estació de França'
(Joan Margarit)
A la deriva:
Quedaba el tren vacío en la Estación de Francia.
También era el final para nosotros.
En un papelera vi las rosas:
alguien que no llegó
y alguien que abandonó sus esperanzas.
-Construyendo salvamos el recuerdo,
me decías pasando junto a ellas.
Y lo que alguien había abandonado
se convertía para mí en un símbolo.
Pensé que todo aquello que dejábamos
-como aquel ramo en la dudosa luz
de la Estación de Francia-
quedaría en quién sabe qué memoria.
-Construímos, decías, para nunca perdernos.
Y lo que hemos perdido
es lo que en los demás puede salvarnos
desde su recordar desconocido.
