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   Manuela Carrasco
 "No podría vivir sin bailar"
La bailaora Manuela Carrasco, Premio Nacional de Danza 2007, reivindica en su espectáculo ‘Romalí-Dos Culturas’ la armonía entre la música de la India y el flamenco en estado puro.
Texto: Roseta Campos - Fotos: F. Javier Abad

¿Por qué ha creado el espectáculo ‘Romalí- Dos Culturas’?
Desde joven me ha interesado profundizar en mis raíces, saber de dónde vengo, y al escuchar la música india me di cuenta de que tiene mucho en común con el flamenco, como por ejemplo que también bailan en 12 tiempos.
¿Cuál es el objetivo del espectáculo?
Hermanar la música india y la flamenca, porque de ahí vienen nuestras raíces gitanas. He querido transmitir en este espectáculo el hermanamiento entre la India y Andalucía, armonizar el flamenco con el khatak indio. Por eso, quería representar ‘Romalí-Dos Culturas’, porque quiero volver a mis raíces.
¿La fusión entre música flamenca y música india es tan fuerte?
No es fusión ni mezcla. La música india se parece mucho al flamenco y por eso me llega dentro. Pero de fusión nada. En este espectáculo he tratado de conservar la pureza de los estilos y las músicas. Dicen que la etnia romaní se originó en la India, y después empezó a emigrar a Europa donde se formó la cultura gitana. La música refleja esa similitud porque hay ritmos flamencos y de la música india similares. No es exacto, pero sí muy parecido. Digamos que estamos más avanzados.
Empieza en los escenarios muy joven, a los 11 años…
Incluso antes. A los 9 debuté en Málaga ya con responsabilidad sobre el escenario. A los 13 hice mi primera gira por el mundo.
¿Cómo valora sus 40 años como artista?
De entrada, tengo que decir que, pese a los años, sigo enamorada del flamenco y que sin bailar no podría vivir, pero como todo en esta vida tiene sus pros y sus contras. Los artistas cuando se suben al escenario disfrutan porque es maravilloso, pero detrás de la actuación hay mucho trabajo, mucho esfuerzo, con viajes interminables, muchas horas en la carretera y, en mi caso, he tenido que sacrificar muchas cosas, como mi familia, porque a mis niñas nos las veía en mucho tiempo, cuando hacía giras de cinco o seis meses por el mundo.


"Es una minoría la que entiende de flamenco puro, pero la gente cuando lo ve y lo escucha por primera vez, se enamora"

¿El sacrificio siempre compensa?
Siempre, al menos a mí, porque no podría vivir sin el teatro, sin un escenario donde expresarme. Por dedicarte a lo que te gusta pagas un peaje, pero eres recompensado con creces.
¿Cuantas hijas tiene?
Dos chicas. He llorado mucho cuando eran niñas y tenía que dejarlas largas temporadas. Ahora están casadas y ya me voy tranquila, además una de ellas, Tamara que canta maravillosamente, me acompaña en las giras.
Tiene una nieta que la imita y quiere ser artista.
Tiene 9 años y una madera de artista que salta a la vista. Ya ha bailado conmigo en alguna ocasión, pero ahora se ha quedado en Sevilla, con gran disgusto por su parte. La verdad es que ha heredado mi forma de sentir y mi genio. Lo lleva en los genes.
¿Cuánto tiempo aguanta sin bailar?
Poco. Cuando pasa un mes, me pongo de los nervios y digo a mi marido que busque algo.
Mantenerse en la brecha por décadas no debe ser fácil. ¿Cómo lo ha conseguido?
Es muy complicado y requiere un gran esfuerzo, pero el flamenco me ha dado tantas satisfacciones que los esfuerzos, sacrificios y malos momentos quedan olvidados.
¿Por qué es tan crítica con los que innovan en el flamenco?
Admiro a todos los artistas y bailaoras que hacen flamenco desde otra perspectiva. Cada artista tiene su manera de bailar y de hacer sus cosas, pero el flamenco puro es lo que a mí me va. Los grandes ‘monstruos’ del flamenco como Carmen Amaya, Paquera de Jeréz, o Chocolate nos han dejado una herencia flamenca riquísima que yo no quiero destruir, sino mantener por lo menos hasta que me retire.
¿Cree que la fusión daña al flamenco?
No lo estropea. Depende de cómo se haga. Muchas veces enriquece el flamenco y eso me parece estupendo, siempre que se haga en el sitio adecuado y con sabor.

 
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