La última sección recoge a los artistas, que desde la década de 1920, exploran las imágenes de la máquina y su transmisión de potencia y velocidad, influyendo tanto en el diseño de carteles de los ferrocarriles franceses, como en el trabajo de los cartelistas rusos que utilizaron el fotomontaje para crear imágenes con las que asociar la construcción del ferrocarril y el avance de la revolución socialista.
También, los juegos de luces y sombras al que los fotógrados del movimiento pictorialista recurrían en sus trabajos se ajustaban especialmente bien al tema seleccionado: el vapor y el humo. Las nuevas y ligeras cámaras Leica hacían posible que los fotógrafos André Kertész y Ilse Bing tomaran espontáneas fotografías del ferrocarril.
En la década de 1950 y 60, las locomotoras de vapor se sustituían por las diésel, y el transporte por avión y automóvil se generalizaba. En Gran Bretaña, las pinturas de Terence Cuneo se ocupaban de mostrar una romántica nostalgia por la desaparición de la Edad del Vapor. Similares sentimientos fueron expresados también en las fotografías de O. Winston Link, que recordaban los últimos trenes de vapor en los Estados Unidos. |